Los vehículos utilizados en el Mundial de Rallyes son coches
de calle preparados por los constructores y homologados por la FIA para la competición.
Existe una serie de homologaciones que han ido variando a lo largo de la
historia. En los años 70, los vehículos se clasificaban en: Grupo 1, Grupo 2,
Grupo 3, Grupo 4 y Grupo 5; pero esta normativa bastante complicada se
simplificó en los años 80 con el nacimiento de los míticos Grupos B. Estos
vehículos eran demasiado potentes y poco seguros y fueron sustituidos por los
Grupo A, debido a varios accidentes mortales en el año 1986. Durante la década
de los 90 los vehículos que se usaron serían los pertenecientes al Grupo A.
En el año 1997 la
FIA establece una nueva categoría que reinaría durante años
en el mundial: los World Rally Car. Estos vehículos son los utilizados por los
equipos oficiales (Citroën, Ford, etc), aunque es frecuente verlos también
compitiendo con algún equipo privado.
Los World Rally Car surgen del reglamento sobre el Grupo A,
sin embargo, existe una significativa diferencia entre un coche del Grupo A y
un World Rally Car, y es la que describe la homologación, ya que para homologar
los primeros se requiere construir 2.500 unidades del vehículo base que incluya
motor con turbo y tracción integral, mientras que los segundos pueden partir de
cualquier automóvil de serie de cuatro plazas, con motor delantero, longitud
mínima de 4 m
y del que se fabriquen 25.000 unidades anuales. No es necesario que el coche
posea tracción a las cuatro ruedas ni que el motor tenga turbocompresor. Dentro
de las restricciones a los WRC, están que deben respetar un peso mínimo de 1.230 kg, que los motores
no pueden exceder los 2.000 cc y que sólo puede modificarse la suspensión
trasera (por ende el eje trasero) en caso que el auto base sea de tracción
simple, ya que debe reemplazarse el eje original por uno móvil para lograr la
tracción integral.
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